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jueves, 6 de agosto de 2026

Luis Feito López

En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el visitante encuentra expuestas estas dos obras de Luis Feito, la Nº 1763 de la producción del artista (1997) y la Número 2576 de la producción del artista (2011). Cuando tomé las fotografías de estas dos obras, encontré que existía cierta efervescendia por Feito, el artista había fallecido en 2021 y quizá fue esta la causa. Desde entonces dormían en el archivo. Hace pocas fechas, en un exposición en la que una galería exponía obra de varios artistas, esas muestras que se hacen entre exposiciones individuales, encontré una de sus cuadros, y ahora en el recuerdo, traigo estas dos a la espera de recuperar la tercera expuesta en la galería. Las cartelas del Bellas Artes, siempre son explícitas, tanto con la obra como con el artista, nos deja una pequeña lección de arte.

Nº 1763 de la producciuón del artista (1997) Acrílico sobre lienzo
1,62 x 1,30 m.  Donada por el artista en su ingreso a la Academia en 1998


Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, casi medio siglo después Feito llega de nuevo a la Academia como miembro de número. Su postura ante el quehacer artístico es rigurosa: la obra de arte debe ser construida por sí misma y no como fruto de una especulación intelectual. La actitud de Feito es concentrada y humilde, ajena al garabato gratuito o casual; el artista debe desaparecer detrás de su obra, y ésta ni siquiera recibe un título. Su obra se fundamenta en raíces europeas (ha vivido en París casi treinta años), pero le interesa el budismo zen y su búsqueda espiritual.

Número 2506 de la producción del artista (2011) Acrílico sobre lienzo
130 x 162 cm. Donado por el artista en 2011

Estamos ante un cuadro muy distinto del donado por el académico al ingresar en la corporación. 
Feito expresa en su obra la dualidad y el combate que son la condición del ser humano. Su etapa de Nueva York, en especial, le permitió entender e incorporar a su obra esa continua tensión entre el caos y el orden. Siempre existe un conflicto, declara el pintor en una entrevista del año 2000, y a veces "hay una tendencia que se impone, como me ha ocurrido hace dos o tres años con la tendencia geomética: el borde de la línea, esa depuración, es la que ha ganado...". El cuadro aludido (Nº 1763) pertenece a ese grupo de obras.
Por el contrario, con el presente lienzo el pintor llega a un verdadero estallido de las formas, de modo aparentemente improvisado pero manteniendo un dominio riguroso del lenguaje plástico, cuyo fundamento él mismo sitúa en la formación tradicional recibida en la Escuela de San Fernando. El color rojo, que desde comienzos de los 60 ha introducido Feito como contrapunto del blanco y del negro, irrumpe aquí con fuerza irresistible, sugiriendo la violencia de una herida, pero también la vitalidad poderosa. Hay en el cuadro una profundidad espacial desde la que brota una explosión de vigorosas pinceladas, como venidas de un lugar misterioso y desconocido. Feito trabaja y avanza cada día por un camino que desconoce, y esto es para él lo más difícil de la profesión de pintor y a la vez lo más apasionante.


Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, calle Alcalá, 13 de Madrid.

domingo, 5 de julio de 2026

Hermenegildo Anglada Camarasa

Estrecho de Bóquer después de la lluvia (1952)  Óleo sobre lienzo. 0,85x1,10 cm)

Esta obra la podemos ver en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Quizá no sea lo más correcto comenzar esta entrada sobre Anglada Camarasa con una obra del final de su vida, tal como nos revela la cartela del cuadro, lo mejor hubiese sido buscar una obra más temprana, pero lo cierto es que Anglada es un pintor del que he conseguido pocas imágnes de sus obras: "En el retiro mallorquín del final de su vida, Anglada-Camarasa cultiva más que nunca el paisaje. Hay un lugar especial que vuelve insistentemente en sus obras: las grandes rocas que se hallaban en el camino de Puerto de Pollensa a Bóquer, llamadas por el mismo 'los elefantes'. Casi octogenario, sigue experimetndo con la luz mediterránea que matiza los morados, grises, verdes y lilas. Este mismo paraje se ve en otros lienzos del artista en otras coleccionbes". Donado por el artista en su ingreso en la Academia en 1954.

En torno a la descripción que hace la cartela de la obra, traigo a colación este texto de Rafael Alberti sobre la paleta de Anglada Camarasa en 1920:

"Todos los almendros han florecido. Toda variedad de morados, amarillos, tierras o carmines, verdes-azules... y grandes manchas de ocre. En fin, una visita a la paleta de Anglada, o a un salón de arte contemporáneo". Rafael Alberti, febrero 1920.

Nota: Hermenegildo Anglada Camarasa (Barcelona 1872-Pollensa 1959) Estudió en la Academia de Bellas Artes de Barcelona y luego se trasladó a París. Hacia 1920 gozaba ya de celebridad internacional y era considerado como uno de los más notables representantes del postimpresionismo. El colorido de sus paisajes, con una técnica de densos empastes, se le ha calificado como "esmaltístico"; su colorismo equivale a lo que en literatura es el estilo sensual de Gabriel Miró.

Un amigo de juventud: Cartas de Rafael Alberti a Celestino Espinosa, Ed. Mª Paz Sanz Álvarez, Madrid 2002.


REINA SOFÍA DE MADRID

Hermenegildo Anglada Camarasa. Andares gitanos (1902) Óleo sobre lienzo

Al contrario de las cartelas del Bellas Artes de San Fernando, el Reina Sofía suele ser muy escueto en las comentarios de las obras expuestas, en alguna ocasión ya mencioné que el Reina obliga al observador a investigar sobre las obras y el autor, algo que no está nada mal, sobre todo, para incentivar la curiosidad del visitante. Esto es lo que ocurere con estos Andares gitanos (1902) o Sonia de Klamery (echada) (ca. 1913) -ha en el museo otro retrato de Sonia de Klamery de pie- obras de Camarasa en la que ni tan siquiera se ofrecen las medidas de los lienzos.

Sonia de Klamery (echada). Óleo sobre lienzo (ca. 1913)
Donación de Daniel Carballo Prat, conde de Pradère, 1933



domingo, 5 de abril de 2026

Julio Romero de Torres

REAL ACADEMIA BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO DEE MADRID

Julio Romero de Torres. Nieves (ca. 1910) Óleo sobre lienzo (0,69x90 cm)

Magnífico cuadro de Romero de Torres, una escena costumbrista de una ciudad de provincias, obviamente evoca Córdoba, ciudad a la que está ligado el pintor. Nieves sostiene un libro del que parece extraerse la escena del fondo, una pareja, algo distanciada, pasea o charla en la calle. Él parece hacer una reverencia; ella lo escucha en el centro de la escena, el fuste de una cruz se recorta entre dos edificios contra el cielo al atardecer. Nieves, la protagonista del cuadro, mira al observador, seria, como interrogándolo, tocada con mantilla negra que resalta sobre un vestido de tul blanco, las manos, blancas, como dirían los modernistas, nacarinas, sostiene casi sin esfuerzo el libro.

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en calle Alcalá, 13 de Madrid.


MUSEO REINA SOFÍA

 Conciencia tranquila (1897) Óleo sobre lienzo (310x225 cm.)

Dos obras de Julio Romero de Torres en el museo Reina Sofía de Madrid. La primera recuerda la España negra que antecede a la gran derrota nacional, el desastre de 1898 y la antesala de la lucha social, el anarquismo y los pistoleros de la patronal. Conciencia tranquila, según la nota del museo, la pintó Romero de Torres para presentarse a una beca de la Real Academia de España en Roma, con el tema El anarquista y su familia propuesto por el jurado; en el cuadro se representa al anarquista con las manos atadas a la espalda asistiendo al registro de sus bienes que lleva a cabo el juez.

Manola (1900-1910 ca.) Óleo y temple sobre lienzo (101,5x50 cm)

Sin embargo, Manola (1900-1910 ca.), es el mundo amable del modernismo, Ramón Casas y Els 4Gats, lo social desaparece, el Pèl y Ploma, el mundo de Proust y unos coloridos bajos fondos rellenan los lienzos. No es difícil imaginar a una Manola en el mundo de Guermantes de la mano de Swan y las muchachas en flor, sin embargo esta pintura se aleja de las que describe Proust más cercana a un paisaje de Vermeer. Nadie parece estar en su tiempo.

Museo Reina Sofía, en calle Santa Isabel, 52 de Madrid.


domingo, 21 de diciembre de 2025

Ricard Terré

Isabel Clemente. Semana Santa Toma 1958.
Copia de Autor 1990. Gelatinobromuro de plata. Papel baritado
Donada por el Ministerio de Cultura en mayo de 2013)

Estas fotografía, de la colección de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pertenecen a la exposición más amplia que he visto de la obra de Ricard Terré. Es difícil encontrar fotografías suyas -y eso que la que encabeza esta entrada es una de esas imágenes que siempre me ha perseguido-, esa niña vestida para desfilar en la Semana Santa de 1958. (Siempre tuve la impresión de que era una primera comunión). Sobre Terré, el texto que acompaña la muestra comenta: "es un verso suelto entre los miembros de su generación"; la obra de Terré, continúa se distingue de la de los componentes del grupo Afal en el que se integró, "en su decidida voluntad de descifrar la realidad, de penetrar en su ámbitos más penumbrosos".

Matamá (Vigo) Toma, año 1985. Copia de autor, 1988
Gelatinobromuro de plata. papel baritado
(Donada por Laura Terré Alonso en octubre de 2021)

El Raval (Barcelona). Toma año 1957. Copia de autor, 1991
Gelatinobromuro de plata. Papel baritado
(Donada por Laura Terré Alonso en octubre de 2021)

Santa Marta de Ribarteme (Pontevedra). Toma año 1962.
Copia de autor , 1998. Gelatinobromuro de plata. Papel baritado
(Donada por Laura Terré Alonso en octubre de 2021)

Agualada (A Coruña) Toma año 1990. Copias de autor, 1991
Gelatinobromuro de plata. Papel RC
(Donada por Laura Terré Alonso en octubre de 2021)

Semana Santa. Toma 1958 Copia de autor 1990
Gelatinobromuro de plata. Papel baritado
(Donada por el Ministerio de Cultura en mayo de 2013)


Ricard Terré, La mirada reflexiva de Ricard Terré, en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en calle Alcalá, 13 de Madrid.

domingo, 28 de julio de 2024

Eduardo Chicharro Agüera

REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

AUTORRETRATO

Autorretrato (1943) Óleo sobre lienzo 1.11 x 1.01 cm.

Autorretrato de Eduardo Chicharro Agüera, fechado en 1943. La cartela del museo lo describe como alumno de Sorolla, excelente dibujante en el que se autorretrata con los atributos del pintor, la paleta y los pinceles. En breve crónica nos sitúa frente al director de la Academia Española de Roma de la que fue alumno becado por la de San Fernando. Pinta de pie frente a la que se considera su obra cumbre, Las tentaciones de Buda.

LAS TENTACIONES DE BUDA

La tentaciones de Buda (1921) Óleo sobre lienzo 2,90 x 3,66 cm

De este cuadro la cartela hace una generosa descripción de los personajes retratados puesto que ninguno es anónimo. Elaborado a base de numerosos bocetos, Chicharro crea su obra cumbre que mereció la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de 1922, año en que es elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: "El nombre de Buda quiere decir el Iluminado: es un joven príncipe que ha recorrido el mundo en busca de la luz y l recibe bajo el ficus, árbol sagrado del budismo. Recibe inmóvil a las Apsaras, hijas del mal, que tratan inútilmente de seducirle: la Lisonja y su hermana la Adulación, la Concupiscencia con cuerpo de pantera, la Ternura echada a sus pies, la Voluptuosidad sobre una tela roja ... Lakshmi, la Venus india, aparece de pie a lomos de un elefante. Otra de las Apsaras, con un velo multicolor, ha tomado el aspecto de la joven esposa que él dejó atrás pero tampoco logra engañarle".

Más crítico con este cuadro y con el mismo Chicharro se mostró el poeta Rafael Alberti. Hay que recordar que en esta época Daniel Vázquez Díaz, amigo de Alberti, intentaba ingresar en la Academia, algo que no consiguió hasta 1933. Alberti escribe una carta a su también amigo Celestino Espinosa en 1922: "A Chicharro lo han hecho académico (Él lo ha sido toda su vida; pero le faltaba el diploma y la nueva pensión". Años más tarde, en su autobiografía La arboleda perdida, vuelve a criticar a Chicharro y el cuadro: "Recuerdo que la medalla de oro, máxima aspiración de los pintores, aún más por lo económico que por su valoración artística, la acababa de obtener Eduardo Chicharro, director entonces de la Academia España en Roma, con Las tentacionbes de Buda, horripilante y casi pornográfico cuadro, de retorcidos desnudos iluminados de un verde venenoso".

La arboleda perdida, Rafael Alberti, 1980 en Un amigo de la juventud. Cartas de Rafael Alberti a Celestino Espinosa, ed. Mª Paz Sanz Álvarez, Madrid 2002.


RETRATO DEL CONDE DE ROMANONES

Retrato del conde de Romanones (1942) Óleo sobre lienzo (1,20x1,09 cm)

En esta obra, Chicharro retrata a Álvaro de Figueroa y Torres, I conde de Romanones, en 1942, influyente personaje de la primera mitad del siglo XX. La cartela nos recuerda que fue miembro de tres reales Academias, la de Historia, Ciencias Morales y Políticas, y Bellas Artes de San Fernando., de la que fue director en 1910. El retratado, representante del caciquismo español, tuvo una agitada vida política fue presidente del Consejo de Ministros, y alcalde de Madrid. El retrato lo donó por testamento el conde a la Real Academia de San Fernando en 1950.


Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en calle Alcalá, 13, de Madrid.


CENTRO DE ARTE COMPLUTENSE DE MADRID

Eduardo Chicharro Agüera. Retrato de José Casares Gil (1947) Óleo sobre lienzo

"Eduardo Chicharro nos presenta a José Casares Gil -comenta la ficha de la Universidad Complutense sobre este retrato- "con una actitud desenfadada en un entorno muy familiar, como es un laboratorio universitario" en referencia a la labor investigadora de Casares Gil, farmacéutico y químico, doctor en Farmacia. Sobre Chicharro Agüera,  destaca su habilidad "en el tratamiento del color gracias a su profundo estudio de los fenómenos ópticos producidos por la refracción, difusión o la dispersión de la luz. De hecho, fue profesor de Colorido y Composición de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, además de académico de número desde 1922". No obstante, añade, "este retrato cumple con ese deseo de permanencia que se acentúa con un foco de luz y pequeñas notas de color a pesar del aspecto sombrío de la composición. Las gamas de amarillos, verdes y rojos están delimitadas por unos contornos que permiten, en palabras del propio artista madrileño, un "equilibrio estético y visual"." Destaca el trabajo de Chicharro Agüera en el ámbito del regionalismo, el simbolismo, como retratista, "además de temáticas históricas",... Siguiendo nuestra búsqueda de obras del pintor madrileño, descubro dos obras de excelente factura dentro de la tendencia naturalista y costumbrista "gracias al carácter popular y social de sus figuras" en las oficinas centrales de la antigua Caja de Ahorros de Ávila, hoy CaixaBank. Aunque, pasado un tiempo los cuadros desaparecen y, tan solo queda en la pared de la sucursal del banco la cartela de uno de los cuadros.

De Eduardo Chicharro Agüera, (Madrid, 1873-1949). En la sede del banco en Ávila, herencia de la antigua Caja de Ahorros Ávila, obras propiedad de Fundación Ávila, podemos ver dos de lienzos de gran formato. Recordar que el vínculo de Chicharro con Ávila se debe a su matrimonio con María Briones en 1904 tras el cual pasó largas temporadas en tierras castellanas. De estas estancias deben ser las dos obras de carácter popular y social que vemos en la antesala del banco, La Casa Misericordia (1947) y el formidable lienzo El tío Carromato (1911).

La Casa Misericordia (220x290) 1947

El tío Carromato. 1911



MUSEO DE HISTORIA DE MADRID

Cuadro de pequeño tamaño nos presenta los Tejados de Madrid desde lo que parece ser la buhardilla del pintor. En una exposición antológica sobre la vida bohemia de Madrid, se incluía esta obra de Chicharro -hay un exceso de luminosidad en el vértice superior derecho por la iluminación de la sala-: "las buhardillas en los tejados como el hábitat por antonomasia de la clase bohemia".

Tejados de Madrid (1899) Óleo sobre lienzo


sábado, 24 de marzo de 2018

Joaquín Vaquero Palacios: La belleza de lo descomunal


Tan desconocido para el gran público como excepcional es la figura de Joaquín Vaquero Palacios. Personalidad insólita y artista destacado en las disciplinas que trabajó: arquitecto, pintor, escultor y diseñador, "fue un creador total que abordó el proceso creativo de modo global". Así presenta a este arquitecto ovetense, licenciado en Madrid en 1927, en la exposición que el Museo ICO le dedica a su obra, en el período de 1954 a 1980, con la construcción de cinco centrales eléctricas en Asturias para  Hidroeléctrica del Cantábrico. La muestra intercala fotografías de la obra de estas centrales, su integración en el medio natural y pinturas, sobre todo óleos de paisajes del entorno, y una selección de textos del autor en los que muestra su inquietud y pensamientos sobre su obra: "¿Es sostenible la presencia del hombre en la tierra?".

La fundidora de Monterrey. Óleo sobre lienzo (1960)

Joaquín Vaquero Palacios (Oviedo, 1900-Madrid, 1998), arquitecto, pintor y escultor, fue un creador total que abordó el proceso creativo de modo global. Prolífico en todas las disciplinas, esta exposición se centra en el trabajo que, fruto de treinta años de colaboración con Hidroeléctrica del Cantábrico, materializó en cinco centrales eléctricas asturianas concebidas como obras de arte total: Salime (1945-1955) -uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial española adscrita al Movimiento Moderno-, Miranda (1956-62), Proaza (1964-68), Aboño (1969-1980) y Tanes (1980). Murales, esculturas, mobiliario, diseño industrial -en solitario o con la colaboración de su hijo, Joaquín Vaquero Turcios- y, en algunos casos, incluso la arquitectura, convierten a Vaquero Palacios en un hombre renacentista que fue capaz de transformar las enormes estructuras de estas centrales eléctricas en auténticas catedrales industriales del siglo XX.

Vaquero Palacios se encargará de la arquitectura y los trabajos de integración artística de las centrales en el medio (Llegábamos a Proaza y yo me quedaba extasiado de la belleza de aquella montañas de caliza blanca, con laderas plegadas y aristas en la roca. Siempre guardé imborrables este recuerdo...); cuida los aspectos de la obra y su impacto sobre los empleados (En los espacios y galerías de las plantas inferiores se procuró suprimir el aspecto frío y laberíntico de los subterráneos empleando tonos generalmente calientes en muros, techos, y suelos,...); del mobiliario, diseña desde los sellos de caucho, a lámparas, armarios (Aparte de la arquitectura propiamente dicha, hube de proyectar en el interior las carcasas para los alternadores, armarios, pupitres y mesas para los mandos, y demás dispositivos y muebles en el Cuadro); el espacio (La entrada al túnel adquiere la solemnidad que merece el descenso de 385 metros de cota que sin saber por qué, quizá por el frescor y la media luz, siempre se hace en silencio...)... Termina el folleto informativo de la exposición, comisariada por Joaquín Vaquero Ibáñez, que la muestra intenta transmitir "cómo una saga de creadores, -que se inicia con Narciso H. Vaquero, padre de Joaquín Vaquero Palacios, y continúa con la del hijo de éste, Joaquín Vaquero Turcios- artistas, ingenieros y arquitectos enfocaron su vida y su producción creativa, sin hacer distinciones, a la consecución de aquello que podríamos definir como la 'obra total'".


El texto y las fotografías de esta entrada están basadas en el folleto informativo y en la exposición; además de la breve introducción que hace Ángel Urrutia de la obra y figura de Joaquín Vaquero Palacios en su libro Arquitectura Española Siglo XX, de editorial Cátedra, Madrid, 2003.

Museo ICO en la calle Zorrilla, 3 de Madrid, hasta el 06 de mayo de 2018.

Central de Proaza


REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO DE MADRID

Termas de Caracalla. (s/f). Óleo sobre lienzo (0,98x1,17 m.). Firmado VAQUERO
Donado por el artista en su ingresos en la Academia en 1969

Sobre esta obra, que parece una extraña representación, un sueño o una escenografía futurista, la cartela del Bellas Artes comenta: "El asunto de esta obra de este arquitecto, conservador, escultor y pintor, nos remite a sus años de estancia en Roma, donde pinta una y otra vez las ruinas de la Ciudad Eterna. Su estilo evoluciona desde el colorismo y la tendencia a captar impresuiones al natural, preocupación principal en su primera época, hasta llegar a paisajes monocromos y desprovistos de la figura humana, siendo el caso de este lienzo." 

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en calle Alcalá, 13 de Madrid.