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lunes, 16 de marzo de 2026

José Miguel Palacio

El paseo de la Castellana desde Nuevos Ministerios (2019) Óleo sobre lienzo

Visita al Museo de Historia de Madrid en el que siempre hay una sorpresa, esta vez la pintura de José Miguel Palacios, un pintor hiperrealista de exquisita calidad y una excelente técnica. Como se expone en el tríptico de la exposición, se convierte en "un observador minucioso" de la ciudad, de Madrid que es en torno a quien gira la muestra, 30 óleos de diferente formato, que nos muestran con el título Naturaleza de asfalto. Madrid hiperrealista, la ciudad, el caos visual de la gran ciudad, los detalles a los que sólo escapa el sonido ensordecedor de motores y gente que caminan siempre con prisa, y unas reseñas sobre las paredes de las salas donde cuelgan las obras, y unas más breves aún sobre la actividad del artista. Estaría bien saber las dimensiones de las obras, algunas de gran tamaño que sorprenden porque, por lo general, las obras de este estilo hiperrealista no suelen ser muy grandes.

Altaria entrando en la Estación Puerta de Atocha (2008) Óleo sobre lienzo

Una serie de trabajos que, como comenta el tríptico, el artista crea "piezas de un realismo casi fotográfico", en todo caso la fotografía es la base de la pintura hiperrealista y los destellos, los reflejos que por doquier aparecen en la vida moderna, escaparates, coches, envases, agua, ... aunque hay que saber conjugar la precisión y el entorno, la atmósfera que envuelve la obra a la que cuesta creer en ocasiones, carece de alma pero no de virtuosismo. 

Torre Picasso y Torre Europa desde Concha Espina con Serrano (2005) Óleo sobre lienzo

Cada vez que observo una de estos lienzos mi mente se traslada a los impresionistas, al implacable impacto, precisamente, de la fotografía en sus obras que les obliga a expresarse a través del cubismo y la abstracción, ¿puede el artista superar la calidad de una imagen fotográfica? Hubo que romper esquemas e imitar la naturaleza desde otras perspectivas para, una vez desarrolladas, impresionismo, expresionismo, cubismo, informalismo, retornar a la naturaleza, a la figuración, a lo cotidiano, pero paradójicamente por el camino inverso, a través  de la fotografía; y, sin lugar a dudas, Palacio lo consigue de forma magistral.

Torre Espacio, Torre Cristal y Torre Sacyr Vallehermoso en construcción desde el barrio
de Begoña (2007) Óleo sobre lienzo

El golfista Harlero (2017) Óleo sobre lienzo -Colección particular.

José Miguel Palacio, Naturaleza de asfalto. Madrid hiperrealista, en Museo de la Ciudad de Madrid, en calle Fuencarral, 78 de Madrid, hasta el 24 de mayo de 2026

Back-Stage, Pasarela Cibeles (2009) Grafito sobre lienzo


viernes, 16 de diciembre de 2022

Hiperrealismo. Colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza

 Charles Bell. Tropics nights (1991). Óleo sobre lienzo

Unas cuantas obras, pero las suficientes como para dejar en el espectador una impronta de sorpresa frente a los cuadros hiperrealistas. Según nos relata la inscripción en el muro de la muestra, el hiperrealismo, como lo denominamos en España, "nació en los Estados Unidos en la década de los 60 como una deriva a partir del Pop Art y fue bautizado como Photorealims por el galerista Louis K. Meisel". El nombre se lo impuso por que las obras se basan en reproducir pictóricamente fotografías. En la exposición podemos ver dos momentos de la pintura hiperrealista, la de primera época o "primera generación del movimiento", representada por Richard Estes (1932) el hiperrealista más icónico, Autorretrato cerca del Oculus en el World Trade Center (2017) justo debajo de estas líneas; y Charles Bell (1935-1995), la obra que encabeza esta entrada Tropics nights (1991). Las obras de esta primera generación giran en torno a los recuerdos del mundo infantil, "sus temas favoritos son los viejos juguetes de hojalata, las canicas, las máquinas expendedoras de chicles y las máquinas de pimball".

Richard Estes..Autorretrato cerca del Oculus en el World Trade Center 
(2017) Óleo sobre lienzo.

La segunda generación, más cercana a nuestros días está representada por Don Jacot (1949-2021) con paisajes de Chicago con los que se da a conocer en los años  de 1980; aunque después derivó hacia creaciones cercanas a los juguetes de Bell, al final de su carrera vuelve "a las vías urbanas" como la de la siguiente imagen 49th and Broadway de 2019.

Don Jacot. 49th and Broadway (2019). Óleo sobre plancha de aluminio

Representantes de esta segunda generación, como dice la nota del mural de la sala, se internacionaliza; están representados en la muestra el artista francés Bertrand Meniel (1961) "que cultiva el paisaje urbano", presente con Lucky Dragon "combinando lo pintoresco mas cercano y cotidiano", la modernidad de la torre del fondo y el tradicional bazar chino.

Bertrand Meniel. Lucky Dragon (2009) Acrílico sobre lienzo

Con obras de menor tamaño, aunque sorprenden por la nitidez y minuciosidad de colores y destellos, la obra del italiano Roberto Bernardi (1974) quien retoma la línea de Bell con sus "bodegones, coloristas y brillantes, de objetos de cristal y golosinas" con Conejito en la esquina.

Roberto Bernardi. Conejo en la esquina (2019) Óleo sobre lienzo

Y por último la pintora británica Raphaella Spence (1978) representada aquí con dos excelentes obras "que escapan a los temas habituales del hiperrealismo" en las que plasma la preocupación por la degradación del medio ambiente Schweppes, con la que cierro esta sección, y El sendero.
 
Raphaella Spence. Schweppes (2022) Óleo sobre lienzo

Hiperrealismo en la colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza en Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en paseo del Prado, 8 de Madrid, hasta el 15 de enero de 2023

viernes, 26 de noviembre de 2021

Hiperrealismo

"Alguien habló del hiperrealismo y de mi breve paso por él. Era un recurso al no saber qué hacer, una especie de periodismo plástico, dijo Montoliu. Barral habló del inevitable regreso a una pintura de contenidos; lo que ocurría es que no se sabía cuáles podían ser. Dijo que el hiperrealismo era un fracaso estético, ero que seguramente indicaba el buen horizonte. Después de eso se levantó, no demasiado vertical ya y trastabillante." Carlos Barral, Penúltimos castigos, Sexix Barral (1983)

MUSEO THYSSEN BORNEMISZA - COLECCIÓN CARMEN THYSSEN

Obra de Charles Bell, Thunder Smash, en la planta baja del Museo Thyssen, recién ordenado han puesto la colección de la baronesa en la planta baja, antes estaba en un ala no recuerdo si en la segunda o primera planta. Allí tenía menos visibilidad, no sé si más espacio ni más lógica expositiva. Una obra similar se encuentra en la primera planta, también de Bell de la colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza.

Charles Bell. Thunder Smash (1977) Óleo sobre lienzo


COLECCIÓN ROBERTO POLO

Hacía tiempo que no encontraba hiperrealismo, aunque al autor se le cataloga dentro del realismo, me sorprendió encontrar estas dos obras en una visita al Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Toledo, para ver la Colección Roberto Polo en el Convento de la Santa Fe, aunque en realidad estaba visitando los itinerarios de Alfonso X el Sabio y la extraordinaria Capilla de Belén. En una de las salas estaba, junto a otras, las dos obras de Andrew Tift, pintor realista británico. Mis acompañantes no eran los más indicados, por así decirlo, para pararse a ver las obras de la colección, ni mucho menos esa interpretación tan moderna, diálogo entre dos autores o dos estilos dispares, en este caso el hiperrealismo y los arcos mozárabes de la sala; las pinturas e inscripciones de la sala capitular de los caballeros de Calatrava y las modernas interpretación del Cristo de Koen de Cock. Fue interesante moverse entre esas dos visiones del mundo de la fe de los caballeros calatravos y la de mis acompañantes y la modernidad irreverente del arte contemporáneo.

22 Years later (Diptych). Andrew Tift. 2016. Acrílico sobre lienzo - 1

22 Years later (Diptych). Andrew Tift. 2016. Acrílico sobre lienzo - 2


Colección Roberto Polo, en Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Toledo, en Paseo del Miradero, 3 de Toledo.


GALERÍA ECHEBERRIA Y MUSEO THYSSEN DE MADRID

Lady plastic (sección) José Luis Corella.. Óleo/tabla

Hace años coincidió en el Museo Thyssen de Madrid una exposición sobre hiperrealismo y otra en la galería Santiago Echeberria, también en Madrid, esta última se titulaba Made In Spain. Realismo contemporáneo español. Era una muestra sorprendente; coincidió que ambas exposiciones presentaran un movimiento artístico que tiene una visión expresiva inquietante, y digo inquietante porque carece de espiritualidad. En mis recuerdos estaba la imagen de un pintor aficionado en un camping de la costa de Almería, pintaba un automóvil; eran los primeros años de la década de 1980. Vi cómo evolucionaba el cuadro desde el boceto en papel hasta casi verlo concluido en tela hasta que una mañana el pintor y el coche habían desaparecido, y con ellos el cuadro.

 Caballero de Gracia. Pedro del Toro. Óleo/lienzo (195x195 cm)

Ya entonces me costaba entender el hiperrealismo como movimiento, porque en realidad sólo revoluciona el concepto y el objeto, surge como una necesidad del mercado más que como un movimiento en sí, siempre pensé que era la necesidad de etiquetar algo que siempre se había hecho con el simple propósito de saciar un mercado saturado de excentricidad, aunque también es cierto que la minuciosidad del trabajo del pintor, una paleta de colores amplísima y un afán de engañar al espectador, el trampantojo moderno, con una buena técnica no dejaba muy claro en mí cuál era esa necesidad.

Kiychens (sección) Pedro Campos. Óleo/lienzo

El hiperrealismo representa una vuelta al caballete, al paisajismo y al bodegón, los retratos, los útiles cotidianos e incluso excéntricos, desde un tarro llego de golosinas a una motosierra, con modelos basados en fotografías, llevar al lienzo la fotografía de manera minuciosa. Aquí mi recuerdo el pintor de coches de Rodalquilar se diferenciaba algo al hiperrealista o al realista que trabaja en su estudio, era retomar el camino el impresionismo un siglo después, lanzarse a la calle y a la naturaleza, y retar a la fotografía, no huir de ella. Esta tendencia aparece en Estados Unidos hacia los años 60 y viene a ser una respuesta a la abstracción. Con ellos vuelve la realidad, el formalismo y el academicismo, desde cuadros cálidos muy humanos y a la frialdad de los objetos, motocicletas, automóviles, escaparates de tiendas, cristaleras con reflejos imposibles, calles con mil detalles, cabinas telefónicas y un colorido preciosista en el que parece que no se mezclan para nada los colores. La vuelta al estudio que se rompió con los impresionistas que buscaban la luz natural, el momento mismo de la salida del sol y la tormenta sobre el mar; ahora no hay necesidad de reinterpretar la realidad ni la naturaleza; y en algunos casos porque no siempre es así, basta con contemplar paisajes pintados al natural de los realistas de Madrid para comprenderlo. Pero es una línea tan delgada en el concepto, realismo-hiperrealismo si es que el término en realidad no es el mismo.

Hoyo 18 (sección) José Luis Corella. Óleo/tabla

Cabinas telefónicas. Richard Estes (1967) Acrílico/masonita (122x175.3 cm)
Museo Thyssen Bornemisza de Madrid