Hasta que no vi las obras de Mateo Inurria en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, hasta entonces, sólo había sido el nombre de la calle que parte de la estación de Chamartín hasta plaza Castilla en Madrid. De aquellas esculturas me quedan unas pocas imágenes de escasa calidad, al menos hay están surgiendo lentamente alguna de sus obras. Una faceta interesante de escultores, pintores y sobre todo ahora fotógrafos, son los retratos. Así nos llegan las facciones, los rostros, las fisonomías de otros artistas o de ellos mismos cuando estaban vivos, cuando creaban, del momento de inspiración, de sus sombras y sus luces; bustos de semblante triste o idealizado, ademán serio, enérgico o gesto agotado. Pero no nos desviemos de la obra, de la creación, del arte.
Desde el Bellas Artes de San Fernando de Madrid traigo las primeras obras de Inurria. La primera la que encabeza esta entrada, Ensueño (Mi discurso en mármol), obra de madurez que ahonda en la personalidad de su autor.
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| Ensueño (Mis discurso en mármol) Mármol (0,48x0,49x0,54 cm.) Firmado YNURRIA |
La cartela nos habla de esta escultura como si fuese un compendio de vida a través de la juventud que representa: "Bellísima obra de madurez en que el artista culmina una vida de diálogo con la escultura. El retrato de esta joven pensativa, con el rostro apoyado en su mano derecha, refleja nostalgia y serenidad". Inurria trabaja aquí con matiz modernista, "la huella del modernismo se aprecia en la línea tan fluida que parece desmentir la dureza del mármol". No lejos de esta obra hay otra de Clará y una de Gargallo, y algún cuadro de influencia modernista, pero ninguna respira ni transmite la placidez de esta joven. Concluye la cartela que Inurria no gustaba de discursos, por lo que donó la obra a la academia en sustitución del suyo de ingreso en ella en señal de agradecimiento. Quizá no exista mejor discurso que la propia obra.
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| Cabeza de Eduardo Rosales (1922) Bronce patinado en verde 0,31x0,22x0,25 cm. Donada por don Manuel Comba, académico correspondiente por Ávila, en 1976. |
La segunda obra es un busto del pintor Eduardo Rosales. Sobre esta obra la cartela es muy expresiva, en ella se indica que con la muerte de Rosales "enfermo de tuberculosis desde su adolescencia, se malogró el mayor talento de la pintura española del siglo XIX". La cabeza corresponde al monumento que se erigió al pintor en el paseo de Madrid que lleva su nombre. Añade la cartela que "está modelada sobriamente, dentro de la estética moderna, pero a la vez transmite con sensibilidad la expresión serena y melancólica del personaje".
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en calle Alcalá, 13 de Madrid.




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