lunes, 17 de junio de 2019

Berenice Abbott


FUNDACIÓN MAPFRE DE MADRID (2019)

Perfil de Manhattan. I. South Street y Jones Lane. 1936

 Berenice Abbott. Retratos de la modernidad. Con este título se presenta esta excelente exposición sobre la obra de una excepcional fotógrafa norteamericana, tanto por su contenido histórico, artístico y técnico como personal. En esta entrada voy a seguir las pautas de la exposición. Berenice Abbott -llega a Nueva York en 1918 con sólo veinte años y "se da de bruces con aquello que andaba buscando aunque entonces no lo supiera" y entra en contacto con un grupo de intelectuales entre los que estaba "Mina Loy, Marcel Duchamp, Djuna Barnes, etc.". Abbott, cuya intención era ser periodista, al carecer de los recursos que los miembros del grupo tenían, se ve obligada a acepta los más inverosímiles trabajos, "pese a todo, como aquellos vanguardistas, está decidida a reescribir el relato normativo y revisar y revisar sus exclusiones impuestas", y lo hace "a través de un deslumbrante objetivo fotográfico: su mirada aguda es capaz de captar las diferentes modernidades y retenerlas". A partir de aquí el espectador, a través de los paneles y las secciones en las que esta dividida la muestra puede valerse por sí y recorrer este trozo de historia de la fotografía: los retratos, la ciudad -bellísimas arquitecturas y panorámicas excepcionales de Nueva York -que persigue obsesiva del cielo al suelo- y las interesantes imágenes sobre la ciencia.

Edward Hopper, 1949

Gran retratista, la muestra recoge varios retratos entre los que cabe destacar a James Joyce, uno magnífico de Edward Hopper y dos de 1927 de Eugène Atget. -"fotógrafo adorado por los surrealistas y testigo del París de finales del siglo XIX". Mención constante merece la figura de Atget a quien descubrirá durante su estancia en París y de quien recibirá una fuerte influencia y en quien "se inspirará para realizar su gran proyecto Changing New York". También en París Abbott va a conocer a Man Ray. Amiga y ayudante de este último Abbott le propondrá "un "documentalismo artístico", una manera de mirar que descubre en Eugène Atget, a quien promociona con la devoción de una personalidad generosa".

Vista desde West Street, West Street 115-119, Manhattan. 1938 

En el aspecto artístico, -nos recuerda el folleto- Abbott  va a huir "de las supuestas artificiosidades del arte". Es aquí, en estas fotografías donde documentará espléndidamente la ciudad de Nueva York: puentes, edificios, puerto, comercios, con amplio repertorio de composiciones magistrales y una riqueza extraordinaria plasmado en un trabajo que escapa, como recalca en el folleto, del adjetivo "documental por ser demasiado exiguo".

Broome Street 504-506. 1935

Vita aérea de Nueva York de noche. 20 marzo 1936
Una copia de esta fotografía se puede ver en el Museo Reina Sofía
de Madrid con el título Nueva York de Noche, 1932 / Copia posterior

La exposición mantiene una gran intensa debido al ritmo del montaje, es una de las mejores que he visto, tanto por la riqueza y calidad de las imágenes como su extraordinaria técnica y la variedad temática que desarrolla Abbott, sintetizada en las tres que he mencionado -el retrato, la ciudad y la ciencia-, y mantiene la atención del espectador a través de un hilo conductor muy bien trazado que la hacen ágil y amena.


Berenice Abbott. Retratos de la modernidad, en Fundación Mapfre, en Recoletos, 23 de Madrid, hasta el 25 de agosto de 2019.

Pavimentadores 1899-1900 de Eugène Atget
Propiedad de George Eastman Museum
Detalle de Janet Flanner en París 1927.
Portada del tríptico de la exposición
Eugêne Atgel (1927)



sábado, 15 de junio de 2019

Fernando Cernadas


A veces, en mis encuentros con Fernando Cernadas, hablamos de Antonio López mientras recorremos las salas de exposiciones y comentamos algunas de las obras que expuestas, no es una referencia, pero Fernando conoce a López y habla con él también de arte. Luego nuestra conversación trasciende algo más que arte, unas veces a la técnica, otras al arte por el arte; no es un diálogo academicista y teórico, es pura sencillez. Una mañana, fue a primeros de año, fui a una sala en la calle Marqués de Cubas donde exponía Fernando. Estuve viendo sus obras, las que ilustran esta entrada, por primera vez. Eran formatos grandes No tienen título, le dije más tarde. No, no las titulo -me contestó-. Recuerdo que hablamos del concepto espacial de algunas de ellas, obras abiertas como si se esperase la continuación en un lienzo contiguo; en otras la obra se expanden suavemente sobre un fondo difuminado en el que parecen gravitar o trasladarse a través un espacio en el que el movimiento semeja quietud. Otras veces dibuja. Sus dibujos proyectan un vigor sorprendente: el rostro del retratado parece descompuesto, desarmado, como si se hubiese despiezado la cara de un autómata y al volver a montarlo sobran piezas y dejan al aire los vanos de unas cuencas vacías, una boca desdentada o la profunda fractura de un cráneo,


Fernando Cernadas tiene una pintura visceral, tan enérgica como enigmática, genuina, fiel a sí mismo, sin intentar confundir ni impostar al espectador, tan solo expresar sentimientos. Por pintura visceral entiendo aquella que surge de lo más profundo de las entrañas del artista, algo que es difícil de ocultar porque en cuanto surge y se plasma en el lienzo, cualquier acción posterior deja la obra sin sentido, muerta, vacía y yerma. Y en estos parámetros se mueve nuestro autor, en el más puro expresionismo abstracción y el informalismo a la vez que desprende un inequívoco trasfondo espacial: planos, lindes como quien se asoma desde un monte y a sus pies visualiza un plano cuarteado de valles, casas, bosques y ríos que serpentean caprichosamente.


Pero en su obra no queda nada al albur en su proceso integrador en las formas. En la sala de Marqués de Cubas, los visitantes, como si fuesen transeúntes de una céntrica calle o los excursionistas que vadean esos valles, arroyos y caminos intransitables, pasaban entre las obras interponiéndose brevemente entre yo y la obra, interrumpiendo la contemplación de los cuadros creando una escena cotidiana, ajenos estos a cualquier composición porque ellos mismos forman parte de la composición misma, el público tan informal como vigoroso, genuino, abstracto y sincero.


viernes, 14 de junio de 2019

Pilar Pequeño


Si en algún lugar están más acorde las fotografías de Pilar Pequeño ese lugar es el Jardín Botánico. Había visto una, al menos, en la la sede de Amigos del Museo del Prado; ahora de forma inesperada vi el anuncio de esta exposición en el Botánico de Madrid, justo en el momento en que eclosiona la primavera, donde el público y artistas se arremolinan frente a los parterres, fotografiando y pintando. Hace tiempo que no veo a Pilar, pero tengo un grato recuerdo que con esta muestra vuelve a traerme a la memoria la paz inmensa que transmiten sus flores, sus hojas y su obra. Con el título Tránsitos. El agua, la luz y las plantas en la obra de Pilar Pequeño, en la que nos trae entre otras imágenes rebosantes de color y quietud, unas primeras imágenes exquisitas en blanco y negro.

Bodegones. Nardo (1938)

Serie Hojas (1985)

Bodegones. Acelga (1983)


Tránsitos. El agua, la luz y las plantas en la obra de Pilar Pequeño en Jardín Botánico de Madrid, plaza Murillo, 2 de Madrid.




Años después, -cinco parecen una eternidad- paseo de nuevo frente a las imágenes de Pilar Pequeño, y en el mismo lugar, en la galería Marita Segovia. Si en aquella ocasión fue la percepción de la luz lo que me sedujo, un viaje a través de la voluptuosidad de unas flores capturadas entre minúsculas burbujas en el agua, éste era rememorar de nuevo la vuelta a un lugar favorito como propusiera Proust, en su elogio a la lectura. Un viaje a un pasado reciente para descubrir nuevas sensaciones, las mismas si cabe pero renovadas, como si las imágenes sean, y son capaces, de sustituir al libro, nuestro libro favorito que induce a la lectura, a una nueva lectura sin más texto que el que nos proporciona el color, incluso la ausencia del color, para perpetuar en nuestro subconsciente la imagen de la flor preferida, buscar los aromas ausentes que percibimos antaño y provocar en nuestro cerebro el mágico engaño, la ficción y el hechizo de la fotografía.


Pero esta vez no era el elogio sublime de la lectura, aunque sí podría apreciarse esa parte en la que Proust se dedica a describir los silencios de sus familiares entorno a los gustos y sabores de las comidas, las vajillas y los fogones, el punto de sal del tal o cual plato que al probarlo, apenas rozando los labios, -la abuela, o quizá la madre- esperaban impacientes, hasta el martirio, una opinión que sentenciara que aquella fruta no estaba lo suficientemente madura o almibarada. Esa parecía ser la sensación del espectador frente a las fotografías de Pilar Pequeño, al revivirlas en su obra: el color suave de los membrillos o esos grises que conforman el blanco y negro, donde refulgen destellos de ciruelas, uvas o brevas que descansan sobre bandejas de plata, -se me antoja plata porque también pudieran ser aluminio o alpaca-. Es en estos detalles donde se cumple el axioma de que la obra de arte no ha de ser explicada cuando tiene la virtud de sugerir y provocar sensaciones en el espectador. De ahí el delicioso recuerdo de los argumentos de Proust tan apropósito de la lectura ahora en estas imágenes.


Y el ambiente, el entorno, la sala que alberga las fotografías y el diálogo de éstas con las piezas de Rafael Muyor nos traslada de nuevo a Proust y el recóndito lugar donde leía con pasión, y al igual que él esperaba que los mayores se acostaran para tomar de nuevo su libro, el espectador espera que le dejen solo en la galería frente a las obras que sugieran emociones y, en su soledad, recorrer detenidamente las salas de la galería, deambular entre cuadros, muebles y esculturas, y buscar en ellas la belleza de esos objetos -los que detalla Proust- que habían llegado a su dormitorio no en función a su comodidad, sino por puro capricho, un capricho que procuraba que su habitación pareciese hermosa. Y de entre esa belleza que se degusta a solas, surgen las obras de Pilar Pequeño, acomodadas entre muebles de la galería como los grabados de obras famosas que adornaba la habitación de juventud del escritor francés, para reconfortarnos y degustar su obra.


Pilar Pequeño en Galería Marita Segovia, calle Lagasca, 7 de Madrid, hasta el 27 de julio de 2019



martes, 11 de junio de 2019

Antonio Lamela: Torres Colón


Torres Colón. 1969-2019 Cincuenta años del inicio de su construcción. Con este título se celebra en el Centro Cultural  de la Villa Fernán Gómez la exposición sobre las emblemáticas Torres Colón, edificadas justo enfrente de ese centro cultural. Las torres tiene dos valores relevantes, por un lado el puramente arquitectónico que desde el punto de vista técnico es excepcional; y por otro lado el social desde el punto de vista humano, una lucha para hacer frente a problemas políticos y técnicos en una época tan difícil como el franquismo. Al respecto, el propio Antonio Lamela comenta en el video que acompaña la exposición: "Yo siempre soy optimista a cualquier problema con que el hombre tiene que enfrentarse; el hombre tiene una enorme capacidad de reacción y una enorme capacidad de adaptación ante sus problemas, y ante problemas verdaderamente grandes es cuando el hombre se crece".

Proyecto de las torres
Brevemente apuntar que -siguiendo a Ángel Urrutia- la singularidad de la obra que llevó a cabo el equipo de Antonio Lamela fue introducir "en España el sistema estructural suspendido de hormigón comprimido en las Torres Colón", el sistema constructivo de las torres que difería del modelo tradicional de construcción: "excavación, cimentación de un núcleo por hormigonado hasta su coronación, estructuración de un cabeza o paraguas, excavación y cimentación del resto del edificio y, por último, realización de las plantas colgadas (hacia abajo) y de las bajas (hacia arriba) simultáneamente"; o lo que es lomismo, "lo que parecía imposible: la casa se empezaba por el tejado".

Amador Lamela, Antonio Lamela, Rudolph Flinterman y José Veiga
La exposición la voy a dividir en dos apartados; el técnico, con la exposición planos, maquetas y material gráfico: revistas, fotografías y varios paneles en los que se van describiendo el desarrollo de la obra; y el segundo centrado en el aspecto humano por el que van desfilando los personajes que llevaron a cabo el proyecto, en un interesantísimo cortometraje cuyo enlace colocamos al final de esta entrada. El cortometraje comienza con la descripción del edificio: "se compone de dos cuerpos, el basamental con diez plantas, siete de ellas subterráneas; y el cuerpo superior formado por las torres", en un sistema de construcción en el que los pisos estarán colgados los de abajo de los pisos superiores. A partir de aquí comienza lo que podemos considerar el lado humano de la exposición. En él aparecen Antonio Lamela; su hermano y codirector de la obra Amador Lamela, el conductor del reportaje e hijo del primero, Carlos Lamela, todos arquitectos, y el ingeniero Javier Manterola, en el que comentan y detallan las vicisitudes del proyecto, coincidiendo en que fue sin duda, el más importante en el que habían trabajado.


El proyecto del Estudio Lamela tenía como objetivo encajar un edificio en el eje que formado por la calle Goya y la calle Génova en lo que era la ordenación de la plaza Colón. Se les encarga un edificio que debía ser una unidad única de 40 plantas de uso residencial, destinando las plantas bajas a uso comercial, aunque al final el proyecto se transformará en 2 unidades de 20 plantas cada una. "El estudio de las necesidades del programa  y su adecuación a la parcela existente hizo que el Estudio encontrara una contradicción insalvable entre el programa de necesidades y la utilización de las estructuras convencionales"; de tal manera que "la solución estructural óptima era diferente para cada parte, ya que mientras las plantas bajas de comercios y establecimientos necesitaban de grandes luces entre soportes, éstas significaban un encarecimiento innecesario en las torres. Si prevalecía, en cambio, una estructura adoptada a éstas, se hacían inutilizables las plantas inferiores". Esto provocaba un problema irresoluble, según explica el folleto de la exposición, del que surge "la idea, aparentemente utópica, de "colgar" las torres, lo que permitía plantear una doble estructura mediante la que era posible independizar las dos partes. Al final, el conjunto estaría formado por tres edificios casi independientes: el basamental y las dos torres. La elección de la solución "suspendida" permitió aprovechar al máximo el reducido solar, ofreciendo la única posibilidad de cumplir los complejos requisitos de las Ordenanzas Municipales".

"El sistema estructural de las torres, -continúa el texto- se diseñó completamente en hormigón armado, utilizando hormigones postensados de alta resistencia. De este modo el Estudio se apartó de la técnica más difundida". Al inicio la obra, -destacan los autores- no existía un sistema de construcción de referencia en el mundo de un edificio que no tuviese suelo. La obra es compleja y se ven obligados a trabajar las 24 horas del día toda vez que uno de los principales problemas fue el hormigón: las corrientes de aire que se producía en la torre hueca al elevarse llegaba a congelarse y provocaba que el hormigón no fraguase. Éste fue uno de los problemas técnicos que supieron afrontar calentando la grava. No obstante, el principal problema fue la paralización de la obra. Al cabo de tres años, en 1970, el Ayuntamiento -a cuyo frente se estaba Carlos Arias Navarro- ordena su paralización y propone su demolición parcial. Por lo que han de acudir a los tribunales que al final da la razón al Estudio. Tras la sentencia, y sobre todo por el alto coste que representaba el derribo parcial, se negocia la continuación de los trabajos y el cambio de uso de las torres, de residencial pasan a ser oficinas. Las obras se reanudan en 1973 para concluirlas en 1976.


La singularidad de la obra tuvo también repercusión en el ámbito internacional: "En el Congreso Mundial de Arquitectura y Obra Pública, de Hormigón Pretensado, celebrado en Nueva York en 1975, el Instituto Eduardo Torroja presentó el proyecto como aportación española" considerándose el "edificio de más avanzada tecnología en construcción edilicia hasta 1975 realizado con hormigón pretensado". Posteriormente la obra será reformada, lo hará el propio Estudio Lamela (1989-1993) por exigencias de seguridad que obligaban a la instalación de una escalera de incendios, lo que propició unir ambas torres, "culminado en coronación tardo-expresionista/decó" que -según Urrutia- corroboraba "su argumento conocido que una pareja es una unidad", aspecto con que que podemos contemplar hoy las torres.

Antonio Lamela en su estudio
Para esta entrada he consultado tanto el cortometraje que aludo  los paneles informativos de la exposición, la siguiente bibliografía:

Arquitectura Española Siglo XXUrrutia, Ángel, Cátedra, Madrid, 2003
Catálogo de la exposición, Esteban, Concha, 2017.

Las imágenes son de los paneles informativos de la exposición, excepto la que encabeza la entrada que es propia.


Torres Colón 1969-2019 en el Centro Cultural de a Villa Fernán Gómez, en Plaza de Colón de Madrid, hasta el 21 de julio 2019. Entrada gratuita. Muy interesante es el enlace al vídeo proyectado en la sala de exposiciones: https://www.youtube.com/watch?v=jq91xeV8onw 



REFORMA DE LAS TORRES COLÓN

En 2020 se presenta un nuevo proyecto de reforma de las torres que tiene una fuerte contestación en la que se debate sobre si se respeta la estructura de las torres. Las obras de reforma se inician en 2020 y se espera que concluyan en 2022. La primera operación ha consistido en retirar el remate Art-decó, conocido  popularmente como "enchufe", que se instaló en la reforma de 1989-1993 por exigencias municipales de seguridad obligando a instalar un sistema de evacuación de incendios entre ambas torre, y de las que nunca estuvo de acuerdo el propio Lamela. El proyecto que, además de buscar de eficiencia energética, cambiará el color cobrizo con que fue recubierto en aquella reforma para vestirse de un color azulado, y se añadirán cuatro plantas más de altura, aunque no se superará la altura original de las torres de 116 metros.

Estado de las obras (22-12-2020)

Estado de las obras (16-02-2021)

Estado de las obras (11-06-2022)

Estado de las obras (17-09-2022)

Estado de las obras (01-10-2022)

Estado de las obras (12-01-2023)

Estado de las obras (03-10-2023)

Estado de las obras (04-12-2023)

Estado de las obras (09-01-2024)

Retirando las grúas (14-01-2024)

Integrada en la ciudad con su nueva fisonomía. Terminada la reforma
una riada de mujeres vestidas de rosa (si no nos hubiésemos plegado a
 los gustos del imperio irían vestidas de azul) Orden y una conversación
entre mil voces. Carrera de la Mujer (12-05-2024)

sábado, 1 de junio de 2019

Roberto González Fernández: #MeGustaMuseoLazaro


Un breve apunte sobre la exposición #MeGustaMuseoLazaro del pintor Roberto González Fernández, una muestra tan discreta como atractiva que describe en una breve introducción el programa de mano que entregan a la entrada del museo: "Desde la prehistoria, el ser humano ha sentido la imperiosa necesidad no solo de representar a través de la pintura o la escultura el mundo que le rodea, sino de utilizar esa capacidad como un singular medio de comunicación." La comunicación a través de obras enigmáticas cargadas de simbolismo; recuerda el texto la severidad del pantocrátor bizantino, el retrato funerario que los egipcios atribuían la mediación entre el difunto y los dioses, o la comunicación que se establece entre los retratos de Holbein el Joven con el espectador. Un modelo de comunicación -continúan la lectura- que Roberto González Fernández rescata en este proyecto W-DV; 60 retratos realizados entre 2015 y 2018, todos óleo sobre lienzo de 22x19 cm "pintados siguiendo estrictos cánones realistas (...) como lo hubiese hecho el mismo Holbein", magníficamente ejecutados, representando en el que en cada uno de ellos a un personaje que se tapa el rostro con las manos haciendo con ellas una W, a través de la cual se comunica con el espectador con la mirada; la representación de la omnipresente WWW.

Una muestra tan sencilla como espectacular, por la calidad de las obras, con la que el Lázaro Galdiano suele regalar al espectador amenizando, si cabe aún más, la exposición de sus fondos, y un deleite su interpretación a través de un texto de Javier Mazorra.


 #MeGustaMuseoLázaro, de Roberto González Fernández, en Museo Lázaro Galdiano , en calle Serrano, 122 de Madrid, hasta el 16 de junio de 2019.