sábado, 17 de noviembre de 2018

La Fuente de la Gracia


Una vez más estamos de suerte con la presentación en el Museo del Prado de La Fuente de la Gracia, con el subtítulo de Una tabla del entorno de Jan van Eyck, una obra maravillosa, minuciosa y exageradamente exquisita. Es un privilegio poder contemplar una obra recién restaurada y con la maestría con que suele hacerlo el Prado, con una breve introducción a la obra, su historia la del momento en que fue creada, en este caso en el entorno del taller de van Eyck, . Como es habitual está documentada con minucioso detalle desde el estudio previo a la restauración, las radiografías y los pormenores ocultos que escapan al ojo del del espectador y que salen a la luz con interesantes explicaciones y deducciones bien razonadas de técnicos y restauradores.


No había visto nada tan hermoso desde la presentación, tras su limpieza, de El Calvario, de Rogier van der Weyden también en el Prado, una obra monumental, acompañada en aquella ocasión por El Descendimiento y el Tríptico de Miraflores a los que llegaba a empequeñecer. Esta vez el museo poner frente al visitante una obra minuciosa cargada de connotaciones religiosas, la lucha entre el cristianismo y el judaísmo en la España del siglo XV, tratado de forma simbólica y excelentemente explicada en la presentación: las inscripciones en latín y en hebreo, el grupo de la izquierda -la cristiandad piadosa- y el grupo de la derecha -el judaísmo atormentado- así como los detalles del proceso de ejecución del cuadro que parece desvelar cuestiones como su autoría, preparación de la tabla que desvela su procedencia, diseño y elaboración en la que se observan varias fases de trabajo y rectificaciones en su proceso creativo.

La tabla está documentada por primera vez en la donación que hace el rey Enrique IV al monasterio del Parral en Segovia antes de 1454. Fue descubierta en los años 30 del siglo XIX durante las desamortizaciones pasando el cuadro al Museo de la Trinidad y de allí al Museo del Prado. Su exposición coincide con una sobre el bicentenario del museo lo que pude hacer que, junto a la también espléndida exposición de Bartolomé Bermejo, deje al visitante sin la oportunidad de ver tan hermosa obra por lo que conviene recordar y recomendar que bien vale la pena reservar unos minutos para la visita a la sala donde se exhibe.


La Fuente de la Gracia. Una tabla del entorno de Jan van Eyck, en el Museo Nacional del Prado de Madrid, hasta el 27 de enero de 2019.

Nota: Las imágenes las he tomado del folleto de la exposición

jueves, 8 de noviembre de 2018

Estación de Servicio Barajas II


El 2 agosto de 2016 la Comunidad de Madrid declaró Bien de Interés Patrimonial (B.I.P.) la gasolinera, oficialmente Estación de Servicio Barajas II que está frente al número 388 de la avenida de Aragón, la vía de servicio de la autovía A2. A pesar de la singularidad de esta la estación de servicio, obra de Casto Fernández-Shaw -comenta una crónica de ABC-, apenas llama la atención, "pasa inadvertida para la mayoría de los conductores que, a diario, repostan en ella desde 1958". En el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, se hace una detallada "descripción del bien objeto de declaración" comenzando por su identificación, y una breve introducción histórica tanto de la personalidad y las obras del arquitecto Casto Fernández-Shaw. como del proceso de diseño y las posteriores modificaciones a la hora de su ejecución de la estación de servicio, toda vez que el diseño original, "el proyecto para una estación de gasolina de carretera realizado en fecha indeterminada, probablemente entre 1928 y 1930, no se construyó en ese momento", sino tres décadas después.


Casto Fernández-Shaw realizó tres proyectos de gasolineras, dos de carretera y una urbana, esta última para Petróleos Porto Pi, construida en 1927 en la calle Alberto Aguilera de Madrid, "estableciendo los tres elementos esenciales que iban a definir la tipología, que son, la marquesina, la caseta de oficinas y el tótem publicitario"; las otras dos quedarían en suspenso y, aunque no se conocen las razones, es de suponer que fue la creación del monopolio de CAMPSA ese año de 1927 lo que "provocó la desaparición de las pequeñas petroleras privadas", y con ellas ambos proyectos. A diferencia de la de Petróleos Porto Pi, las gasolineras de carretera debían atender un mayor número de vehículos por lo que Fernández-Shaw ampliará "el programa funcional" de los tres elementos antes numerados: "la caseta se convirtió en un auténtico edificio con tienda, oficinas y almacenes desarrollado en altura. El arquitecto organizó el conjunto bajo la más estricta simetría, con los distintos elementos anclados entre sí. El cuerpo principal, de planta semicircular escalonado en dos alturas, se prolongaba en una torre prismática de cinco plantas con trasera semicilíndrica para alojar la escalera. Una afilada proa remataba en frente de la torre, incorporando una escultura a modo de cañón o proyectil".


A falta de una fecha concreta de elaboración del proyecto, que finalmente se quedó sin promotor, tanto "por el grafismo y la estética racionalista-expresionista del plano conservado" se correspondía con esas fechas de 1927, además su "lenguaje era claramente expresionista, propio del momento, pero difícilmente trasladable a otra época o situación". Pero habrá que esperar hasta 1957 cuando Fernández-Shaw recibe el encargo de la empresa Estación de Servicio Barajas, S.A. para el proyecto de "dos gasolineras enfrentadas para ser construido en el kilómetro 12,600 de la carretera de Aragón" en la que actualmente se ubican. "Por la rotulación  y grafismo de los planos del proyecto, se aprecia que el proyecto de 1928-30 fue utilizado literalmente en la tramitación administrativa para la gasolinera situada en dirección salida de Madrid, realizándose otra versión simplificada para la gasolinera situada en dirección entrada. Durante la ejecución de la obra -que se terminó en 1960- se introdujeron cambios notables en el proyecto inicial", se eliminaron marquesinas secundarias, "así como la proa y la escultura simbólica de la torre", se aumentó el tamaño de la marquesina principal y se añadieron nuevas líneas de carga lo que propició "duplicar la capacidad de servicio", resultando el edificio "más robusto, sencillo y funcional, adaptado a la estética y necesidades del momento".


Diferente suerte corrió la gasolinera que se construyó dirección entrada a Madrid, ésta fue una "versión simplificada de este proyecto, sin torre y con caseta central de una sola planta"; estuvo en servicio hasta el desdoblamiento de la N-II, "momento en el cual hubo que demoler la marquesina, que hubiese invadido la calzada. Todavía se conserva la caseta semicircular dedicada a oficinas, tienda y aseos provista de una marquesina moderna en su cara norte". Este edificio queda fuera de la protección que goza el de salida.


La gasolinera tiene, en su descripción, dos partes claramente diferenciadas: por un lado "una gran marquesina de hormigón armado de planta trapecial con lados y esquinas curvos, de 340 metros cuadrados y una altura aproximada de 6.50 metros". Está sustentada por tres líneas de carga: dos son un par de columnas cilíndricas de hormigón a cada lado, y la tercera "un pórtico de hormigón integrado a su vez en el resto del edificio"; y una segunda parte que lo compone el cuerpo cerrado de edificación que está destinado a tiendas, oficinas aseos y almacén, "que a su vez es una mezcla de dos volúmenes: un semicilindro de dos plantas de altura" y "una torre prismática de cinco plantas y un ático descubierto".


 El día de mi visita a la gasolinera, sólo había una empleada encargada del servicio, por lo que me fue imposible ver el interior en el que destaca "la citada caja de escaleras semicilíndrica" y el solado de las escaleras "que se realiza con mármol negro Marquina en los dos pisos inferiores y de piedra caliza en los superiores, para diferenciar la zona noble y las plantas de servicio. En la planta primera, se incluye en el expediente una pintura mural firmada por "Barranco" que representa, por oposición de dos parejas vestidas de forma diferente, el contraste entre lo antiguo y lo moderno". El frente de la torre, para concluir, "está recorrido por cuatro calles acristaladas con pavés" y los laterales están "cruzados por bandas resaltadas y rematados por óculos en su extremo superior, creando sensación de dinamismo. La torre se constituye así en un auténtico hito en el paisaje, como aviso o llamada de atención a los automovilistas".

Por todo ello, concluye, en informe,: "Por sus valores arquitectónicos y por constituir un valioso testimonio en el desarrollo de una tipología arquitectónica propia para este tipo de edificaciones, en un momento tan temprano como es el período 1928-1930, aunque haya sido construida tres décadas más tarde (...) merece ser protegida".

Para esta entrada he consultado y transcrito las siguientes publicaciones:

Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, núm. 183, 02 de agosto de 2016.
Delgado, Adrián, Estación de servicio de Barajas, ABC, Madrid, 2016.


martes, 30 de octubre de 2018

Humberto Rivas

HUMBERTO RIVAS EN ARCO RECORRIDOS FOTOGRÁFICOS, EN CENTRO CULTURAL CONDE DUQUE DE MADRID

Siguiendo la cartela de ARCO Recorridos Fotográficos, éstos "nacieron en el año 1988 por iniciativa de la Asociación Amigos de ARCO, con motivo de los 150 años de la invención de la fotografía". El proyecto consistía, en palabras de Rafael Doctor, comisario de la muestra, “cada artista era invitado a que de una manera personal trabajase en ARCO como campo de acción, mirándolo o interpretándolo desde la óptica que él considerase. No había otro tipo de premisa más, solo que usase la imagen fotográfica como base de su trabajo”. De estos trabajos traigo aquí el de Humberto Rivas, todas con el de la feria de 1989, presente en la muestra con cuatro fotografías.

Humberto Rivas (Buenos Aires (Argentina), 1937 - Barcelona, 2009) ARCO 1989

Humberto Rivas (Buenos Aires (Argentina), 1937 - Barcelona, 2009) ARCO 1989

Humberto Rivas (Buenos Aires (Argentina), 1937 - Barcelona, 2009) ARCO 1989

Humberto Rivas (Buenos Aires (Argentina), 1937 - Barcelona, 2009) ARCO 1989

 ARCO Recorridos Fotográficos, en Centro Cultural Conde Duque, de Madrid, hasta el 4 de abril de 2021



HUMBERTO RIVAS EN FUNDACIÓN MAPFRE DE MADRID



A veces se echa en falta un manual o breve historia de la fotografía, como hay de pintura o de cine, para que el espectador sepa ubicar al fotógrafo en su tiempo, en su historia o en su estilo. Es el caso de Humberto Rivas cuando se me planteo esta necesidad. En la exposición de la Fundación Mapfre, la mera lectura de los carteles, los pies de foto, e incluso reconociendo algunas de las fotografías que se exponen en las salas, el visitante puede hacerse una idea del contenido pero no de la intención del artista. Si algo me sorprendió fue leer que Rivas no trabajaba con un proyecto determinado, algo inusual en la mayoría de los fotógrafos o de cualquier artista contemporáneo, sino desde un punto de vista global, buscando siempre la misma situación, el mismo plano, incluso la misma luz, y eso se advierte cuando se abandona la sala y aún quedan en la retina del espectador las serie de esquinas, entradas de tiendas, siempre sin personajes, edificios también sin personajes, donde el autor juega tan solo con la luz, al atardecer o al amanecer, que cabe preguntarse quién distingue ese momento.

S.T., 1979. Archivo Humberto Rivas. Barcelona
Para iniciar el recorrido recomiendo al visitante que lea, primero, detenidamente el folleto que se entrega en la entrada en el que el comisario de la exposición, Pep Benlloch, va desgranando los hitos, mejor dicho, las deficiencias y logros de la enseñanza del nuevo arte de la fotografía desde sus inicios donde los propios fotógrafos se dedican al amplio abanico de la actividad fotográfica: ejecutan la obra, enseñan técnica, son críticos, son  investigadores y los encargados de divulgar su arte; y en este contexto es donde debemos ubicar a Rivas en la historia de la fotografía en España, donde llega en 1976 desde Argentina, llegada y su obra "supuso un importante impulso para un grupo de artistas que deseaban poner en valor la fotografía creativa".

Ya en las primeras fotografías de la exposición se percibe en ellas falta de cierta espontaneidad en los retratados -aquí recuerdo una muestra anterior de Ed van der  Elsken en la que todo era pura libertad-, en esta de Rivas se encuentra el visitante frente a las imágenes que el autor parecía tener ya diseñadas: "sus personajes, que al igual que los paisajes de la ciudad, según le gustaba decir, "lo eligen para ser registrados por su cámara", atienden a una particular contradicción: son paisajes sin personas y personas sin paisaje". En las imágenes de la ciudad, comenta Benlloch, Rivas "nos muestra esta mas como estructura que como teatro de la vida humana", por eso no precisa de actores, sino las sombras y las luces. "Del mismo modo, -continúa- lleva hasta el límite el arte del retrato", tanto de personajes conocidos, -un excelente de Jorge Luis (Borges), 1970- hasta "algunos totalmente desconocidos, que se le aparecían como modelos para su obra, le llevaba a acercarse a ellos de manera casi compulsiva hasta conseguir su retrato, su fotografía, en la forma en que él ya los había imaginado interiormente". -registrando desde desnudos y posados en estudio, a la magnífica la serie sobre Violeta la Burra, donde Rivas afirma que la intención del fotógrafo es utilizar al retratado para conseguir la imagen que desea, "lo usamos para hacer nuestro discurso, pero ese discurso tiene que poseer un contenido"-.

Violeta la Burra, 1978 espaivisor. Valencia
Así, cuando vuelva a la sala de Bárbara de Braganza para visionar de nuevo esta exposición, lo haré ya a sabiendas de la intención del artista e intentando recordar la última frase del folleto firmado por Benlloch: "Sus imágenes nos invitan a la contemplación y al análisis de su contenido: minuciosas en el detalle, cada elemento que contiene nos ayuda a comprender el motivo que llevó al autor a su realización y a su interpretación del sujeto o del paisaje".

Humberto Rivas, en Fundación MAPFRE, en Barbara de Braganza, 13 de Madrid, hasta el 5 de enero de 2019.

NOTA: Las imágenes son del cartel anunciador y del tríptico informativo.

Paco, 1992. Archivo Humberto Rivas. Barcelona




miércoles, 24 de octubre de 2018

Bartolomé Bermejo

MUSEO DE BELLAS ARTES DE VALENCIA

Bartolomé Bermejo (activo en Valencia, Aragón y Cataluña
Documentado en 1468 y 1501) 
Virgen de la Leche- Óleo sobre tabla

Esta Virgen de la Leche, una bellísima tabla pintada al óleo y oro, procede probablemente la iglesia del convento de Santo Domingo de Valencia, está fechada entre 1465 y 1470, aunque como vemos el período aragonés del pintor se inicia en 1468. Ésta es la única obra de Bermejo que se puede ver en el Museo de Bellas Artes de Valencia, entre una rica y bien nutrida colección de obras de la época. En esta obra el pintor muestra una clara influencia de la pintura flamenca, según la ficha del museo, de su homónima, de Rogier van der Wayden, que se conserva en Chicago. Destaca así mismo que el Niño sostenga un collar de cuentas rojas que remite a la popular devoción en la época al Rosario.


MUSEO DEL PRADO DE MADRID

San Miguel Triunfante sobre el demonio. (Sección)
Hace unos días visitaba la Capilla Real de Granada donde se puede ver la pequeña y exquisita colección de pintura, obras que pertenecieron a la reina Isabel I de Castilla, de autores tan relevantes como Sandro Botticelli, Pedro Berruguete, Hans Memling, Dieric Bouts o Rogier van der Weyden, sobre todo estos dos últimos, autores a los que siempre dedico unos minutos cuando acudo al Museo del Prado; pero, de nuevo en la Capilla Real, se echaba en falta a Bartolomé Bermejo, sus obras La Epifanía y la Santa Faz. anverso y reverso de una misma tabla, se habían prestado para la exposición que se inauguraría cinco días después en el Museo del Prado. aunque he de confesar que no preste atención a este detalle.

De vuelta a Madrid vi el anuncio de la exposición que, con el título Bartolomé Bermejo, busca rescatar la figura y personalidad de uno de los grandes pintores, si no el más grande, del siglo XV de España. La muestra es el producto de una fantástico trabajo del Prado que ha reunido la obra dispersa de un artista tan relevante como desconocido para muchos. Bartolomé de Cárdenas (h.1440-h.1501) conocido como Bartolomé Bermejo, nació "en tierras cordobesas", comenta el folleto de la exposición. En ellla que se analiza la influencia que Bermejo recibe de los maestros flamencos, con referencias a Memling, van der Weyden y Bouts, que adquiere, probablemente, "en la cosmopolita Valencia del segundo tercio del XV", a donde llegó el influjo de las escuelas de Jan van Eyck y van der Weyden; así como la que el mismo Bermejo ejercerá en sus contemporáneos, en ocasiones con quienes se asocia, colabora y mantendrá estrechos vínculos "desde Martín Bernat y Rodrigo de Osona hasta Fernando Gallego y el Maestro de la Leyenda de Santa Lucía". Destaca el hecho de que se asocia a artistas de menor cualificación a la suya con los que se ve obligado a trabajar para sortear las limitaciones que imponían los gremios de las ciudades que contrataron sus servicios: TousValencia, Daroca, Zaragoza y Barcelona donde muere.

Detalle del peto de San Miguel
Durante el recorrido por la muestra el visitante va descubriendo la personalidad difícil de un artista que incumplía en ocasiones sus contratos, una especie de rebeldía que podía deberse a ese sometimiento al que se veía obligado a maestros de inferior calidad artística, lo que propició "el abandono de algunos encargos e incluso una sentencia de excomunión". Su seudónimo o alias, "el Bermejo con el que firmó de manera particular algunas de sus obras más innovadoras, certifica que nos hallamos ante un pintor con una personalidad acusada, probablemente consciente y orgulloso de sus habilidades".

La exposición está muy bien montada, -tanto la calidad de las obras como el propio espectador lo agradecen-, hay espacio entre obras que permiten visionarlas individualmente sin perder en ningún momento la visión del conjunto; un ejemplo es el magnífico conjunto de tablas sobre el martirio de Santa Engracia. El recorrido por la exposición me permito acotarlo en tres tramos: el inicio con el espectacular San Miguel triunfante sobre el demonio con el donante Antoni Joan de 1468; a mitad del recorrido el magnífico Santo Domingo de Silos entronizado como obispo, 1474-1477; para culminar con la excepcional Piedad Desplá, de 1490 que cierra la muestra. Sobre este guión el visitante se desplaza entre estas tres obras y se va desgranando la excepcional calidad del resto de obra, desde el mencionado martirio de Santa Engracia, cuatro tablas que narran el prendimiento, prisión, flagelación, y entronización de la santa, piezas que pertenecieron a un retablo y que en la actualidad se encuentran diseminadas entre museos de Bilbao, Boston y San Diego; o las tablas que narran la Resurrección de Cristo o el no menos magnífico tríptico de la Virgen de Montserrat. Las obras están excelentemente comentadas; abundan en los detalles técnicos desde la novedosa técnica del óleo en la época, la vestimenta de los personajes, los colores, la composición o las similitudes con otras obras de igual temática: la resurrección, el descendimiento o la epifanía.

Piedad Desplá (1490)
Termina la exposición recordando el olvido en que cae Bermejo tras su muerte y la posterior recuperación de su figura, a finales del siglo XIX, por el interés que despertó en destacados coleccionistas internacionales, y unas falsificación de los años 20 del siglo pasado, que demuestran el interés suscitado por su obra. Y siguiendo literalmente el folleto que sirve de guía, terminar señalando que la muestra cumple sobradamente el deseo del museo, descubrir al visitante "un magnífico maestro al que esta exposición pretende tributar un meritorio homenaje y dar a conocer al público".
Flagelación de Santa Engracia (1472-77)
Bartolomé Bermejo, en Museo del Prado de Madrid, de 9 de octubre de 2018 a 27 de enero de 2019.

Nota: Las imágenes y los textos en cursiva son del folleto informativo que entrega el museo a la entrada de la sala de exposición; la imagen del detalle del peto es del cartel anunciador de la misma.

Bartolomé Bermejo: Master of the Spanish Renaissance
Cartel anunciador de la exposición de The National Gallery
Londres
 

jueves, 5 de julio de 2018

José Guerrero

Balbastro (1965) Óleo sobre lienzo. Museo Reina Sofía

No se trata de una exposición, quizá sea lo más parecido a la recopilación de obras y textos que hacen referencia a José Guerrero (Granada, 1914-Barcelona, 1971); tan aleatorios como ocasionales.


MUSEO REINA SOFÍA DE MADRID

Una de las múltiples obras que pueden verse de José Guerrero en el Reina Sofía, a cuenta gotas, como la que encabeza esta entrada, implica una visita constante y regular al museo, pero quizá sea a partir de estas visitas cuando el visitante se entregue a la obra del pintor granadino.

Serie sur con rojo (1981-1982) Óleo sobre lienzo. 205x305 cm



IMAGEN DE JOSÉ GUERRERO


Cartel de la exposición de José Guerrero de marzo, abril y mayo de 1990, en la Galería Carles Taché de Barcelona. Este cartel estaba, imagino que seguirá aún, en la trastienda de la Galería Antonio Manchón de Madrid.

MUSEO DE CÁCERES

Presencia del negro. (1979) Óleo sobre lienzo.
 Obra expuesta en el Museo de Cáceres.

Obra instalada en la Sala 15. Arte Contemporáneo. del Museo de Cáceres; sin lugar a dudas el museo es un lugar muy completo que se merece visitar con asiduidad. En la cartela no existe prácticamente información de la obra: Presencia del negro. Óleo sobre lienzo. 1979. José Guerrero 1914-1991) Depósito de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres. Nº Inv. D2.773.


LOS COLORES DE GUERRERO

   Para  Guerrero la selección de los colores tenía una especial importancia. Cada uno de ellos poseía un significado personal, atribuido a sus recuerdos y vivencias. En sus obras los colores expresan  simbologías y significados referidos a paisajes vivenciales, formando un abanico de percepciones visuales que ahondan en los sentimientos y en el imaginario sensorial de quien lo contempla. El artista relaciona el añil con los zócalos de su tierra andaluza y las muñequillas de azulillo que hacía su madre para teñir la ropa ... el blanco era la propia Andalucía, sus casas y luminosidad ...

Presencia del blanco (1990) Óleo sobre lienzo 219x190 cm.
Obra expuesta en Galería Cayón

Texto de María del Carmen Bellido en Los colores subliminales en la obra de José Guerrero. Arte, individuo y sociedad, 2013 25(3) 441-457.


EN LA GALERÍA ANTONIO MANCHÓN

Al entrar en la galería, a la pared de la izquierda había tres obras de José Guerrero, serigrafías o aguafuertes; más a la izquierda, hacia el rincón, un gran lienzo de casi dos metros de alto; entrando de frente, otra serigrafía, ésta dedicada, con predominio de la ancha azul, ésta ocupaba toda la pared, aunque no tenía más de un metro de alto; en la pared de la izquierda, dos obras enmarcadas con cristal, pequeñas y, entre ambas una escultura de Martín Chirino. Al fondo, se entreveía tras una puerta corredera, el almacén con obras de Benjamín Palencia, Mompó y uno de los paisajes pardos tan castellanos de Díaz Caneja. Charlábamos de las composiciones, de porqué cada obra estaba en el lugar elegido y en medio de la conversación coincidimos en que nos llamara la atención a ambos, que unos días antes, en una entrevista al presidente del gobierno, Pedro Sánchez, hubiese detrás de él una obra enorme, ése fue el adjetivo, enorme, de enormes dimensiones de José Guerrero. Pero, me dijo, que Sánchez, como la mayoría de los presidentes, y políticos, no tenían ni idea de arte, que si el cuadro estaba allí era seguramente porque alguien lo había decidido; y era una suerte que siempre un alguien, al menos una persona con sensibilidad para hacer una compra porque, casi siempre, las obras que se ven son obras prestadas, que van y vienen, entran y salen, de la galería al palacio; obras de ida y vuelta.
 
Azul (1982) Serigrafía. Galería Antonio Manchón 

Mientras hablaba tiró de los pomos dorados del mueble mapero blanco donde se guarda la obra gráfica: serigrafías, aguafuertes y grabados. Sacó dos obras de Guerrero primero una serigrafía: Azul; después de fotografiarla la guardó con cuidado y sacó la segunda, un aguafuerte: Amarillo. Los dejó cada una sobre el mueble el tiempo preciso para fotografiarlas, cambiando la luz de la galería, girando las obras, vigilando las sombras. Le dije que me hubiese gustado conocer a Guerrero.

Amarillo (1987) Aguafuerte. Galería Antonio Manchón 

- ¡Bueno, bueno! -Contestó sonriendo, en un tono que no supe interpretar-.
- ¿Era difícil, complicado? -respondí como arrepentido de haber hecho la pregunta según la iba pronunciando-.
-  ¡Todo lo contrario! Era una persona llana, sencilla, muy campechano, divertido. Siempre tenía la palabra oportuna, el golpe gracioso y amable, y cuando hablaba de alguien hablaba bien, con ese humor y esa gracia que tienen los andaluces. Una gran persona.


CENTRO GUERRERO DE GRANADA

El 12 de julio de 2014 entré por primera vez en el Centro Guerrero de Granada. Enfrente de la entrada principal, creo recordar, estaba este cuadro Expansión azul, 1976 con un texto del propio artista: "Cuando pinto me siento como un combatiente en la resistencia buscando libertad para liberar mis intuiciones y emociones sencillamente y con pleno control. Las pinturas abren ventanas y puertas que conducen a un camino en la distancia donde hay luz y aire y agua sin límite y sin fin".

Expansión azul (1976). Centro Guerrero 

Acudiendo a uno de los catálogos del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, el primer texto sobre José Guerrero se refiere a su formación. En ésta se yuxtaponen cuatro fases en un breve período de tiempo: la de su ciudad natal, Granada, que la vincula a la tradición que arranca de Alonso Cano a Rodríguez Acosta; una segunda fase lo lleva a Roma donde recibirá, a través de la Academia de España, "las influencias de un clasicismo renovado". La tercera, en París, en la Escuela de Bellas Artes, donde estudia la técnica del fresco; y por último Estados Unidos "(gracias a una beca de la Graham Foundation), a donde llega en el momento de apogeo de la nueva escuela que Peggy Guggenheim dirige desde su neoyorkina galería Art of this Century a partir de 1955".

En Estados Unidos "Guerrero en 1958 se encuentra con ese prodigio de libertad que es el Action Painting o expresionismo abstracto, que consiste en situar al artista en una actitud de disponibilidad absoluta ante (o sobre) el lienzo". Guerrero estaba acostumbrado a la parsimonia que dominaba el panorama europeo, a la escasez de medios que él mismo sufría en Granada, estaba sujeto a los arquetipos italianos y al racionalismo de la escuela francesa, no sólo hace frente a estos condicionantes, sino que los supera "con el desparpajo propio del andaluz "universal", que tan solo tres años después será profesor de dibujo y pintura en una escuela de arte de Nueva York.

A su vuelta de Estados Unidos, -comenta el crítico Antonio Leyva Sanjuan en conversación informal- será una gran referente en el panorama abstracto español. Frente a otros pintores, sobre todo los vinculados al grupo El Paso, como Saura o Viola, que se postulan sucesores de una cierta tradición asociada a la España negra a través de obras con predominio de ese color, surge la figura de Guerrero que, a finales de los años 70, con una explosión de color y luz mediterránea tenderá una gran influencia en jóvenes artistas andaluces, especialmente de Granada, como Julio Juste entre otros.

Green Encounter (1970) Óleo sobre Lienzo. Museo Reina Sofía


GALERÍA CAYON EN FERIA DE ARTE ARCO 2015

Normalmente en las ferias, como esta de ARCO, las cartelas y la información sobre las obras y los artistas son muy escuetas. Esta Bandera del futuro tan solo tenía los datos imprescindibles: José Guerrero. Bandera del futuro. 1990. 190x219 cm. Óleo sobre lienzo. Catálogo razonado digital 1931-1991 No. 1362. Firmado, fechado y titulado al dorso "José Guerrero/Bandera del futuro-1990/ José Guerrero.

Bandera del futuro (1990) Óleo sobre lienzo. Galería Cayón


GALERÍA  CAYÓN EN FERIA DE ARCO 2016

Contención (1976) Óleo sobre lienzo (86.36x71.12 cm)
Firmado, titulado, inscrito y fechado en reverso:
"José Guerrero/Contención 34x28/1976 José Guerrero"

Andalucía, Rojo y Negro (1964) 58,40x38 cm.)
Firmado en el ángulo superior izquierdo. Procedencia: Colección particular
EE.UU. Galería Juana Mordó, 1960


MUSEO MUNICIPAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE MADRID

El Museo de Arte Contemporáneo de Madrid es uno de esos museos tan infrautilizado que el observador se pregunta sobre su verdadera finalidad. Dispone de un fondo realmente admirable que va mostrando a cuentagotas. No sé cuánto tiempo he tardado en ver alguna de las obras que recuerdo haber visto hace años cuando realmente era un museo, antes de reducir su espacio a más de un tercio de lo que es ahora. Los cambios de obra son imprevisibles, a veces parecen caprichosos; quizá obliga al espectador a visitar el museo de forma más asidua, quizá. De mi última visita es esta obra de José Guerrero, Rojo Málaga, óleo sobre lienzo (1977-1978).

Rojo Málaga. (1977-1978) Óleo sobre lienzo (Colección Mariano Yera)

Un día desapareció esta obra y tiempo después, apareció esta otra que debe ser propiedad municipal; es la tónica del museo. Doble imagen (1974) donde predomina el blanco y el cielo y la tierra azules; el centro está dividido con una raya como un corte profundo, rojo entre dos polos. Consultada la ficha de la obra tan sólo averiguamos sus medidas y que se realizó en Nueva York.

Doble imagen (1974) Óleo sobre lienzo. 160x178 cm.

Fuentes consultadas y utilizadas para esta entrada:

Centro Guerrero, Granada 2014.
Arte Abstracto Español en la colección de la Fundación Juan March, Julián Gallero, Madrid 1983.
Los colores subliminales en la obra de José GuerreroArte, individuo y sociedad, María del Carmen Bellido, Madrid 2013 25(3) 441-457